Braulio Trujillo García no siente pena cuando confiesa que durante los primeros días en que comenzó a trabajar en el traslado de personas sospechosas para centros de aislamiento sintió temor. Como muchos de sus compañeros pertenecientes a las agencias de Taxis-Cuba en el país, de inmediato dio su disposición para participar en la misión encomendada.

“En mi caso, estaba directamente vinculado con el aeropuerto internacional José Martí. Transportaba las tripulaciones de los aviones, tanto cuando llegaban de algún vuelo o cuando partían. También trasladábamos para centros de aislamiento a pasajeros que arribaban de otras naciones o los llevábamos para sus provincias, cuando concluían el período de cuarentena.

“A inicios, fue bastante difícil, era algo desconocido. Todavía me erizo. Pero después se me quitó el miedo. Cumplía rigurosamente con las medidas higiénico-sanitarias indicadas: el nasobuco puesto, empleando el hipoclorito, higienizando el vehículo, no hablando mucho; lo mío era manejar y hacerlo bien. Por la indumentaria que nos poníamos, parecíamos médicos o enfermeros.

“Ninguno de nosotros se contagió y fue por la disciplina que se mantuvo. Con la COVID-19 no se puede uno confiar, hay que ser precavido todo el tiempo. Esa es una lección que aprendimos muy bien”, afirmó.

Braulio es solo un ejemplo del actuar de los trabajadores de la empresa Taxis-Cuba. Ellos modificaron sus rutinas y se volcaron a cumplir con altruismo y entrega las misiones encomendadas por la máxima dirección del país durante la pandemia. Fue por esto que se hicieron acreedores de la Bandera de Proeza Laboral que otorga la CTC.

Fuente: Este texto fue originalmente publicado en NotiGEA